Práctica creativa: El Claroscuro

Sin luz, como es bien sabido, no se podrían ver los colores ni tampoco los objetos. Y éstos, los cuerpos opacos, aquellos que no se dejan
atravesar por los rayos luminosos, producen sombras, lugares de falta y de escasez de luz. Fruto de la luz, que, iluminando las superficies de
los cuerpos, resalta su posición en el espacio y su volumen, es precisamente la sombra: efecto de oscuridad que se produce sobre un cuerpo opaco o sobre las superficies contiguas, a causa de los rayos luminosos que no pueden llegar allí o que llegan en pequeña cantidad.

El claroscuro se refiere, en su significado más conocido, precisamente al modo de sombrear; de graduar; de modular los tonos intermedios, de la luz a la sombra, mediante los medios técnicos y los procedimientos propios del dibujo, de la pintura o de la escultura, a fin de representar el relieve de los cuerpos y de las superficies, el volumen. El recurso al «claroscuro», como ayuda útil para sugerir los entrantes y los salientes de una masa en relación con la fuente que la ilumina, ha existido siempre, en diversa medida, en todas las civilizaciones (aunque, por ejemplo, parezca desconocido por el arte egipcio, pero se ha afirmado en toda su plenitud, en las artes de Occidente y sobre todo de Italia, a comienzos del siglo XVI, asumiendo poco a poco aspectos, derivaciones y relevancias distintos en las diversas culturas.
La función del claroscuro varía, precisamente, no sólo respecto a la relación que existe entre sus componentes (lo claro y lo oscuro), o respecto al color; sino también al modo de distribución de claros y de oscuros que caracteriza la composición y la calidad expresiva de una obra y también a las actitudes respecto a la vida y a las implicaciones individuales o sociales inherentes a ella.

Se pueden distinguir diferentes cualidades y personalidades frente a la distinción del claroscuro como:

Las deslumbrantes luces y en las insondables tinieblas que recorren muchos grabados de Rembrandt, auténticos claroscuros «del alma».

Un claroscuro plástico, en el cual lo “claro» prevalece sobre lo “oscuro» Miguel Ángel y Guiotto.

Un claroscuro pictórico en el que predomina lo «oscuro” pero con matices de sombra que tienden a sugerir atmósfera y vibraciones en torno al volumen de los cuerpos.

Virgen sobre las rocas – Leonardo Da Vinci

Un claroscuro tonal, en el cual las relaciones entre lo «claro» y lo «oscuro se basan en la correspondencia cuantitativa y cualitativa de luz y de sombra que los colores absorben en sí.

Flora Tiziano – Tiziano

Un claroscuro tenebrista, en el que el contrate entre las partes iluminadas y las partes en sombra es violento, intenso, insólito

Los discípulos de Emaús – Caravaggio

3….2…1

Realiza a partir del retrato realizado en el aula:

  • El claroscuro “invertido” o en “negativo
  • Representa en un fondo negro la luz.
  • Gradúa la intensidad del blanco para conseguir el relieve y volumen que compone el rostro.
  • Se fiel al dibujo original, representa las texturas y pliegues de la piel para crear profundidad.

RECUERDA:

Donde hay luz, se encuentra la sombra.

Para tener sombra, debe de existir la luz.

¡A trabajar!

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