Hilando significados: Moda y metáfora con Pink Rys.


T4 El peinado y la máscara del actor:

El segundo sistema de signos en relación con la identidad del personaje es el peinado, por el cual entendemos el arreglo especial del cabello y el vello facial.

Generalmente se ha tratado en combinación con la caracterización; en estudios históricos se describe como uno de los elementos de ella.

Peinado y vestuario, junto con la caracterización, forman el significado completo de la apariencia externa del actor, se potencian y se complementan entre sí.

Puede ocurrir, sin embargo, que uno o dos de estos sistemas se eliminen o que cada uno aporte significados independientes sobre la identidad del personaje. Ejemplo de esto podría ser una escenificación en la que los actores se presentaran vestidos de negro y sin maquillar, pero con pelucas de diferentes colores que los identificaran, en cuyo caso sería el peinado sólo lo que crearía su identidad.

Geroglíficos egipcios reales. Tutankamon y su esposa

El cabello, como el rostro y la figura, es un fenómeno natural y, como tal, puede indicar edad (pelo cano), raza (rizado y negro/rubio y liso), y sexo (barba/no barba). Pero en muchas culturas no se interpreta solamente como signo natural, sino también como símbolo de cualidades del carácter.

Generalmente es un signo de sexualidad y de cualidades morales. Sus características diferenciadoras son la cantidad, el color, el estado y la longitud.

En la historia de la cultura occidental hay abundantes ejemplos:

  • El pelo abundante se interpretaba como signo de fiereza, de animalidad, de la maldad.
  • El cabello rojo ha significado de lo mágico y misterioso.
  • El pelo rubio se toma como señal de inocencia.
  • El cabello moreno significa la maldad o la pasión desenfrenada.

Desde el siglo XX el cabello rubio y ondulado en la mujer es señal de seducción (gracias a ciertos mitos del cine).

En Europa oriental el cabello y barba de gran longitud era signo de devoción y entrega a Dios, mientras que en la Europa occidental era señal de exceso sexual e impudicia/deshonestidad.

La formación de estos estereotipos se da en un proceso de comunicación social, donde se atribuye un valor moral a un fenómeno natural. Con el fin de ser reconocido socialmente, el individuo manipulará y arreglará su cabello de acuerdo con lo aceptable: tinte, corte, rizado o alisado, peinado, incluso la ocultación bajo una peluca. De este modo, se adapta la identidad a la jerarquía de valores culturales.

En la antigüedad el peinado ha denotado la pertenencia la clase social. En la cultura europea se encuentran ejemplos de normas para el arreglo del cabello según se fuera noble, burgués o campesino.

Puede indicar también el estatus social. En Roma, si la barba estaba de moda entre los hombres libres, los esclavos tenían que afeitarse y viceversa.

En ciertas culturas diferencia a las mujeres casadas de las solteras.

Por ejemplo, en el siglo XVII español la «niña en cabellos» era la joven que aún podía llevar el pelo natural y suelto, mientras que la mujer casada o entrada en años tenía que recogerlo y cubrirlo con una toca.

Peinados femeninos de clase alta. Siglo XIX

Puede ser signo de sexo si la cultura emite normas diferenciadoras en el peinado para cada género. También puede indicar una profesión, como es el caso de los sacerdotes y los soldados. Incluso puede indicar nacionalidad o pertenencia a una región determinada, así como a una comunidad religiosa (cráneo rapado de los budistas o tonsura católica). Más raramente ha significado adscripción a una tendencia ideológica o política. Alguna vez ha tomado el significado de adscripción a una concepción cultural, como la barba de los románticos franceses.

El peinado es capaz de indicar que quien lo porta se halla en una situación especial o en un estado de ánimo: en actos festivos o luctuosos se lucen arreglos especiales. En algunas culturas es signo de luto afeitarse el pelo y la barba. Puede llamar la atención sobre un comportamiento diferente o rechazado, como es el caso de los rapados a mujeres acusadas de colaboracionismo en Francia o a las mujeres republicanas en la posguerra española, cuyo cabello cortado las señalaba públicamente como tales.

Para resumir, el peinado se crea según normas de la respectiva posición social y a veces de acuerdo con la jerarquía de estereotipos sociales, pero puede usarse también como contravención a las normas, de modo que se indica la identidad social, pero también la individual. En culturas rígidas y muy jerárquicas apenas puede darse ese caso; no así en la cultura occidental actual, donde no hay normas estrictas, de modo que el peinado aparece como signo de identidad individual. Indica gusto, valores, estado de ánimo.

En el teatro, el peinado del actor denota el peinado del personaje. Puede realizar todas las funciones simbólicas en relación a la apariencia externa del personaje. Sin embargo, hay que diferenciar entre formas muy convencionalizadas y los códigos teatrales que parten de códigos culturales. En las formas convencionalizadas, como la Ópera de Pekín, kabuki, los signos tienen significados fijos que el espectador tiene que conocer, mientras que en el teatro occidental los códigos teatrales hacen referencia a los estereotipos culturales, de manera que el peinado tiene los mismos valores simbólicos que en la cultura del entorno.

El peinado en el teatro puede realizar las mismas funciones simbólicas que en la cultura en la que se realiza, pero además puede actuar con valor simbólico histórico, denotando la época a la que pertenece el personaje. La función simbólica aparece cuando, por ejemplo, el cabello rubio significa que el personaje es inocente, y además representa la inocencia.

A veces en el teatro occidental se ha desarrollado un código teatral específico del peinado, cuyo significado no se advierte recurriendo a los sistemas culturales del entorno; es el caso de los peinados fijos asociados a las máscaras griegas, en el que cada máscara tenía asignada una peluca de un color diferente, longitud, estado y forma del peinado.

En el siglo XX se da con frecuencia la construcción de un código del peinado para una determinada puesta en escena, que sólo puede entenderse en el contexto de la propia representación. El espectador no puede atribuir una identidad al personaje hasta ver lo que va ocurriendo y con ayuda de otras combinaciones de signos.

En casi todos los casos los signos caracterización y vestuario apoyan el significado del peinado, contribuyendo a la identificación del personaje.

La máscara:

Se puede decir, que a la hora de la interpretación de un personaje, el actor puede “llevar” dos tipos de máscaras:

La máscara no permanente

Es aquella simbólica que adentra al actor en su interpretación , de ello depende la credibilidad de su personaje. Este fenómeno está ligado a la caracterización.

Se interpreta esta máscara creada mediante recursos externos como:

  1. Signos de edad, sexo, raza, etc.
  2. Posición social, según los estereotipos culturales de su entorno.
  3. Carácter, según también esos mismos estereotipos.

Como máscara puede actuar también el aspecto natural del actor, por ajustarse al arquetipo cultural del personaje. Los rasgos asumidos por el actor precisamente son seleccionados con la intención de significar y hacer funcionar esos estereotipos.

Junto a la máscara de los estereotipos sociales, el teatro ha creado en determinadas culturas su propio código de máscara, sólo válido para el ámbito teatral.

Esto ocurre, por ejemplo, en parte del teatro oriental, en el que por medio del maquillaje, con su código especial de líneas y colores, se indica la identidad del personaje, ejemplo de lo cual son los actores de la Ópera de Pekín. Ese código especial es específicamente teatral y lo pueden interpretar solamente los que conozcan las convenciones teatrales, no los que conozcan sólo el entorno cultural y sus estereotipos sociales.

La máscara teatral puede remitir también a otros códigos culturales, por ejemplo, a un contexto histórico o a un código mítico, de personajes fantásticos o simbólicos. Los interpretamos en función del conocimiento del entorno cultural. Un ejemplo sería la caracterización de la muerte o el diablo.

La máscara fija

Se ha empleado y se emplea como elemento cultural, siempre limitada a unas situaciones determinadas: fiestas (por ejemplo, el carnaval), ritos religiosos, ejecuciones (el verdugo y a veces el reo se cubren la cara), y en la comisión de delitos (para eludir la responsabilidad).

La máscara fija se interpreta en relación al rostro humano. Indica siempre que debe entenderse como otro rostro superpuesto al humano. Puede significar un ser humano o no humano (un dios, un espíritu) y su función es transformar al que la lleva en alguien distinto por completo.

La máscara de maquillaje (cara pintada o tatuada) indica identidad de la persona según una organización social, mientras que la máscara fija anula esa identidad y hace aparecer al portador como alguien que no pertenece a esa sociedad. El portador de máscara no actúa como él mismo, sino en nombre de otro al que representa la máscara.

En rituales religiosos es indiferente quién se oculte tras la máscara, puesto que para el espectador se trata del dios, del espíritu, el animal o el antepasado. En el caso de la máscara para la comisión de un delito o una transgresión, el portador quiere desaparecer tras la ella para eludir sus responsabilidades. La máscara convierte a su portador en ambos casos en un ser anónimo.

En este sentido, parece ser el proceso teatral por excelencia, pues quien porta una máscara oculta por completo su identidad, se anula, pasa por el ser al que representa la máscara, y no desea ser identificado como sujeto real y social. Es por tanto uno de los primeros y más antiguos signos teatrales.

Las formas teatrales que utilizan tradicionalmente máscaras fijas tienen su origen en el culto religioso; la máscara permanece después de que haya desaparecido el culto. Ello ocurrió en el teatro griego y ocurre aún en el japonés.

Mediante la máscara de maquillaje se puede crear una personalidad individual , la máscara fija sólo puede identificar a un tipo. Son específicas de formas teatrales muy convencionalizadas. La máscara, además, contribuye a asegurar la continuidad de una tradición teatral.

Otra importante característica de las máscara fija es su invariabilidad; el que porta una máscara renuncia a los signos mímicos. Por esa razón, tendrá que recurrir a expresiones de movimientos corporales y gesticulación. También esos movimientos y gestos pueden estar tipificados, como ocurría, por ejemplo, en la comedia dell’arte con los movimientos de Arlequín, siempre muy cercanos a la danza.

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