Corsetería contemporánea y los relatos del cuerpo
Carolina Reyes González – 3 de febrero 2025
Introducción
La antropología del arte ha sido fundamental para comprender los procesos sociales, simbólicos y estéticos que configuran la experiencia humana. Desde el estudio de las prácticas culturales y la significación de los objetos (o prendas) , hasta la forma en que el cuerpo se convierte en un lienzo de expresión colectiva, esta rama de la antropología me invita a reflexionar sobre cómo se construyen y negocian las identidades, cómo opera la dominación a través del control corporal y de qué manera emergen prácticas de resistencia o resignificación cultural.

Metodología:
En este ensayo, se analizan cuatro categorías que abren distintas ventanas al estudio del arte y la moda, relacionadas directamente con la cultura: “identidad y estética”, “opresión corporal y liberación”, “resignificación cultural en la moda contemporánea”, y “cuerpo como lienzo cultural”.
Cada sección se acompaña de citas relevantes y teorías relacionadas con el tema que he seleccionado de autores leídos durante la asignatura de “Antropología del arte” y bibliografía complementaria que he considerado relevante para permitir trazar líneas de convergencia para la comprensión de expresiones culturales artísticas y corporales como la moda1.
1 Uso esta idea para discutir cómo la moda ha funcionado históricamente como un sistema de comunicación no verbal sobre la cultura social como defiende Squicciarino, N. «Sobre todo en la sociedad actual(…)dando prioridad a la imagen, la indumentaria, como sistema riguroso de signos, como modo particular de codificación de la información, adquiere una concentración simbólica siempre mayor” (1990:22)
La propuesta no solo busca exponer las teorías, sino también establecer un diálogo crítico que sirva como antecedente para el TFM, marcando la base de discusión para su desarrollo futuro de manera holista. Desde una perspectiva histórica y con enfoque de género, se abordará la agencia de los objetos, la construcción identitaria y la dimensión simbólica del cuerpo, analizando cómo las prácticas estéticas pueden contribuir tanto a procesos de liberación como a la imposición de discursos hegemónicos.
De este modo, el ensayo ofrece un marco teórico que enlaza disciplinas e ideas, situando en el centro las preguntas: ¿cómo se configura la estética como un proceso de comunicación identitaria?, ¿de qué manera se ejerce el control sobre los cuerpos y cómo estos pueden devenir espacios de resistencia?, ¿qué implicaciones tiene la moda y la resignificación cultural en contextos globalizados?, y ¿cómo entender el cuerpo como un lienzo donde se inscriben las tensiones y los acuerdos sociales?
Identidad y estética:
Esta categoría indaga en cómo los sistemas simbólicos se proyectan en los objetos y, a su vez, en la apariencia e imagen de las personas. Estas manifestaciones, que abarcan desde la ropa y los gestos hasta las distintas formas de arte, conforman uno de los ejes centrales de las interpretaciones de estudio pues permite entender cómo las sociedades construyen narrativas sobre sí mismas.
La identidad y la estética están profundamente entrelazadas en la construcción social de la apariencia. La forma en que las personas se visten, se mueven y presentan su imagen no es un acto meramente individual, sino un proceso de comunicación cultural que refleja valores, normas y jerarquías compartidas. Como señala Stuart Hall2, los signos culturales, como la vestimenta y la postura corporal, no solo transmiten significado, sino que participan activamente en su construcción. Esto implica que la apariencia no es neutral, sino un espacio donde se inscriben ideologías, adscripciones sociales y pertenencias colectivas.
2 Stuart Hall afirma: “…el «lenguaje del cuerpo», el gesto físico; la industria de la moda, prendas de ropa; (…) —sonidos, palabras, notas, gestos, expresiones, prendas— son parte de nuestro mundo natural y material, pero su importancia para el lenguaje no reside en lo que son, sino en su función, en lo que hacen. Construyen significado y lo transmiten. Significan. No poseen un significado claro por sí mismos. Más bien, constituyen el vehículo o el medio portador de significado porque operan como símbolos, los cuales están en lugar de, o representan los significados que queremos comunicar.” (1997:64) Capítulo introductorio de Representation: Cultural representations and signifying practices. Stuart Hall (ed.) Sage/The Open University, 1997, Traducción de Francisco Cruces, revisada por el autor.
Uno de los ejemplos más representativos de esta intersección entre identidad y estética es la corsetería. A lo largo de la historia, el corsé ha sido un símbolo de control sobre el cuerpo femenino en la aristocracia, marcado por estándares de belleza y normas de feminidad de la época. Sin embargo, en la actualidad, su uso ha sido reinterpretado por quienes lo portan como un acto de empoderamiento, destruyendo su carga opresiva y transformándolo en una prenda de reafirmación identitaria. En este sentido, la corsetería no es solo una prenda funcional o decorativa, sino un vehículo para expresar y desafiar normas establecidas sobre el cuerpo y la feminidad.
“La moda es una herramienta de rebelión, una forma de cuestionar el status quo y desafiar las normas establecidas.” Vivienne Westwood (s.f)3.

“La moda es una herramienta de rebelión, una forma de cuestionar el status quo y desafiar las normas establecidas.” Vivienne Westwood (s.f)3.
3 Vivienne Westwood fue una diseñadora que transformó el corsé de una prenda restrictiva a un símbolo de emancipación femenina. Esta perspectiva se alinea con su reinterpretación del corsé, convirtiéndolo en una prenda exterior que celebra la silueta femenina y promueve la autoexpresión. Su trabajo demuestra cómo la moda puede ser una forma de empoderamiento y una declaración de independencia.
Lejos de ser un simple gusto personal, la elección de la vestimenta responde a un contexto social más amplio donde se negocian significados. La estética de la apariencia funciona como un lenguaje que permite tanto la conformidad con normas preestablecidas como la resistencia a ellas. Así, la moda y, en particular, la corsetería, pueden ser entendidas como medios a través de los cuales los individuos expresan su identidad dentro de un juego constante de tensiones entre lo individual y lo colectivo.
El arte y la estética han sido, desde siempre, herramientas fundamentales en la transformación del entorno natural en un espacio cargado de significados culturales. Al intervenir la materia (ya sea un lienzo, un textil o el propio cuerpo), los seres humanos incorporan simbolismos y establecen normas que reflejan su visión del mundo. Este proceso no solo implica una dimensión creativa, sino también una forma de estructurar la realidad, convirtiendo lo que es indeterminado o caótico en un orden socialmente reconocido.
A través de la estética, las comunidades consolidan su identidad colectiva, definiendo patrones visuales que transmiten sus valores, creencias y jerarquías. La elección de colores, símbolos y diseños dentro de un grupo no es arbitraria, sino que responde a una necesidad de autoafirmación y diferenciación frente a otros colectivos. En muchas culturas, los textiles y la vestimenta han funcionado como marcadores de pertenencia, estableciendo códigos de identidad vinculados al origen étnico, al género o al estatus social. De este modo, la indumentaria y los objetos artísticos no son meros elementos decorativos o utilitarios, sino expresiones de la memoria y la cohesión cultural4.
4 Douglas, M. “Estilos de pensar” (1997:65-89) La autora plantea que el arte representa una apropiación cultural de la naturaleza, un proceso en el que la materia prima se transforma en un objeto con significado social. Esta idea resulta especialmente relevante en la corsetería contemporánea, donde una prenda históricamente asociada al control del cuerpo femenino ha sido resignificada en el ámbito de la moda y el activismo. A través del rediseño y la recontextualización, el corsé deja de ser un símbolo de opresión para convertirse en una declaración estética y política, reafirmando la identidad de quienes lo portan y cuestionando los límites impuestos sobre el cuerpo.
El arte no solo da testimonio del mundo que habitamos, sino que lo configura activamente, moldeando nuestra percepción y nuestras experiencias. Sus múltiples manifestaciones establecen códigos visuales, emocionales y simbólicos que median la relación de los individuos con su entorno y con ellos mismos. En este sentido, la moda, y en particular la corsetería, no puede entenderse únicamente como un fenómeno estético o funcional, sino como un discurso cultural que da forma a las actitudes frente al cuerpo, la feminidad y la identidad. Como señala Clifford Geertz, las obras de arte (o la moda, en este caso) “materializan un modo de experiencia y subrayan una actitud particular ante el mundo de objetos para que los hombres puedan así escudriñar en él.” (1994:123), lo que evidencia que los elementos materiales no son neutrales, sino que condicionan la manera en que las sociedades viven e interpretan su realidad.

La corsetería es un ejemplo claro de esta dinámica de significación y transformación. Históricamente, el corsé ha sido una prenda asociada al control del cuerpo femenino, diseñada para moldear la silueta conforme a los estándares de belleza dominantes. No obstante, su resignificación en el presente demuestra cómo los objetos pueden adquirir nuevos sentidos dependiendo del contexto y de quienes los portan. En la moda contemporánea, el corsé ha sido reinterpretado como un símbolo de poder y autonomía, resignificando su función tradicional. Más allá de la recreación histórica o de su uso en la alta costura, se ha convertido en una prenda de poder y afirmación identitaria, utilizada tanto para denunciar narrativas opresivas como para reivindicar la relación entre cuerpo, vestimenta y agencia personal.
Desde esta perspectiva, la moda no es un simple reflejo de la sociedad, sino un agente activo en la construcción de la experiencia individual y colectiva. La corsetería, al materializar una visión específica sobre el cuerpo y sus posibilidades, demuestra cómo la vestimenta trasciende lo funcional y se convierte en un lenguaje en constante negociación entre tradición, identidad y cambio. Esta conversación bidireccional entre historia y contemporaneidad nos obliga a repensar la moda no solo como una industria o una forma de ornamento, sino como un campo donde se juegan disputas simbólicas y se reconfiguran las relaciones de poder, mostrando que el vestir es, en última instancia, una forma de discurso visual y político.
Sin embargo, Gell, A. también sugiere que los objetos, por sí solos, no poseen un significado intrínseco, sino que requieren de un sistema de signos para ser interpretados. En este sentido, afirma que: “Podemos hablar de tales objetos y habitualmente lo hacemos, pero o estos no pueden comunicarse por sí mismos, o emplean el lenguaje natural en un código gráfico. Hablamos de los objetos con signos, pero aquellos no son, salvo algunas excepciones, signos propiamente dichos que posean «significado», y, si de verdad lo tienen, entonces son parte de la lengua, es decir, signos gráficos, no otra lengua con carácter visual.” (2016:36). Esto implica que los objetos adquieren sentido dentro de un marco cultural en el que se les otorga significado, convirtiéndolos en portadores de mensajes simbólicos dentro de una estructura social específica. En este contexto, la corsetería ejemplifica cómo un objeto puede funcionar simultáneamente como una forma de agencia estética y un medio de comunicación cultural. Aunque el corsé, en sí mismo, no posee un significado universal, su uso y resignificación a lo largo del tiempo han construido una narrativa que lo vincula tanto con la opresión histórica del cuerpo femenino como con su empoderamiento contemporáneo. Entre el siglo XIX y principios del XX, la corsetería estaba asociada a prácticas poco saludables como el “tightlacing” (entrenamiento de cintura) y a normas restrictivas de belleza y control corporal de una pequeña parte de la población; sin embargo, en la actualidad, su presencia en la moda ha sido apropiada por distintas identidades y movimientos que lo utilizan para resignificar su relación con el cuerpo y la feminidad. Así, desde la perspectiva de Gell, A. el corsé no es únicamente una prenda histórica, sino un objeto que adquiere significado en función del contexto y de la mirada de quienes lo interpretan. Su presencia en la moda contemporánea demuestra cómo un mismo objeto puede operar en distintos códigos visuales y discursivos, dependiendo de la manera en que es leído y utilizado. Lejos de ser un elemento estático, la corsetería es un ejemplo claro de cómo los objetos pueden convertirse en símbolos dinámicos dentro de la cultura, manifestando su capacidad para generar identidad, emoción y transformación social.
La identidad, en consecuencia, no se reduce a una pertenencia pasiva, sino que surge de la interacción con sistemas de significados, donde la estética y los objetos artísticos tienen un rol dinamizador. A través de estas formas de expresión, los colectivos no sólo se describen a sí mismos, sino que también participan de procesos de diferenciación o apropiación cultural. Estos procesos, como veremos, pueden verse atravesados por dinámicas de poder y resistencia, lo cual nos conduce al siguiente apartado.
Opresión corporal y liberación:
Si la primera sección se centró en la construcción y transmisión de significados a través de la estética y el arte, la segunda explora la dialéctica del poder inscrito en el cuerpo: cómo se convierte en un espacio de opresión, pero también de liberación simbólica y feminista.
Lévi-Strauss, C. señala que “toda clasificación es superior al caos; y aun una clasificación al nivel de las propiedades sensibles es una etapa hacia un orden racional” (1994:65). En el contexto de la moda y el cuerpo, esta afirmación revela cómo las sociedades han utilizado la vestimenta como un mecanismo de clasificación, estableciendo normas que definen qué cuerpos son aceptables o deseables y cuáles quedan al margen. A través de prendas específicas, como el corsé, se han impuesto estándares de belleza y feminidad que han funcionado tanto como formas de opresión como de control sobre la corporalidad femenina. El corsé, políticamente bautizado como un instrumento de restricción, refleja esta lógica de clasificación al moldear el cuerpo según un ideal normativo. Durante siglos, su uso estuvo ligado a la domesticidad y la obediencia de códigos sociales que delimitaban el movimiento5 lo que se consideraba un cuerpo femenino adecuado. Sin embargo, en la moda contemporánea, esta prenda ha sido resignificada, pasando de símbolo de opresión a un medio de expresión personal y empoderamiento. Al apropiarse del corsé la estética del siglo XXI, los diseñadores y quienes lo visten desafían las categorizaciones impuestas, transformándolo en un acto de autonomía y expresión sobre el propio cuerpo.

5 A lo largo del siglo XX, la corsetería fue recordada principalmente como un símbolo de restricción y control sobre el cuerpo femenino, ademas de insalubre (tightlacing). Sin embargo, desde el siglo XVIII hasta el XIX, prendas como los stays, bodies, corpiños y justillos formaron parte del vestuario cotidiano de la mayoría de las mujeres, tanto como ropa interior como exterior. Su uso estaba asociado a la mejora de la postura y la sujeción del busto, integrándose en la indumentaria de la época como un elemento funcional y fundamental para la silueta femenina.
Así, la corsetería ejemplifica la doble naturaleza de la moda como herramienta de control y como espacio de liberación. Si en el pasado servía para restringir y clasificar los cuerpos dentro de jerarquías sociales rígidas, hoy su uso puede reinterpretarse como un acto de resistencia frente a la normatividad, una afirmación de identidad o feminidad y una forma de desafiar el juego de dicotomías establecidas entre opresión y libertad.
El acto de clasificar los cuerpos conlleva una imposición de límites simbólicos: quién queda dentro o fuera de la norma social. La moda, por ejemplo, puede ser un medio mediante el cual se evidencia la pertenencia o la exclusión, asociando cierto atuendo a un estatus legítimo (tendencias culturales) y otro a la marginalidad (tribus urbanas o anti-culturas). El orden racional al que alude Lévi-Strauss implica un conjunto de valores que regulan la conducta corporal y suelen originar prácticas de poder, convirtiendo la estética y la corporalidad en mecanismos de control social.
Gutiérrez,M, en su obra ahonda en estos procesos de clasificación binaria al señalar que “el carácter radicalmente dicotómico, de oposición disyuntiva, entre los conceptos de puro e impuro (…) es dependiente de un pensamiento sujetado por los principios lógicos de identidad y no contradicción.” (1999:4). La aplicación de categorías como “puro/impuro” no sólo se dirige a objetos, sino también a prácticas corporales, identidades de género, expresiones sexuales o rituales religiosos. Estas dualidades generan relaciones asimétricas, en las que la imposición de ciertos ideales de belleza sirve para justificar la exclusión de cuerpos que no se ajustan a esos estándares, basándose en supuestas diferencias esenciales o naturales. En tanto la corporalidad es el primer lugar donde se inscriben estas normas, la imposición de ciertas estéticas o conductas puede convertirse en un vehículo de opresión. Sin embargo, como veremos más adelante, también puede ser un espacio de resistencia y subversión de estas clasificaciones.

Volviendo a Gell, A. que se abordó en la sección anterior ofrece una perspectiva sobre cómo los objetos (por extensión, prácticas estéticas asociadas a ellos) pueden detonar procesos de transformación social. Asegura que la agencia de un objeto radica en su capacidad para generar efectos en las personas que lo perciben o interactúan con él, esto abre la puerta a pensar que los mismos elementos (que en un contexto sirven para reforzar el orden opresivo) en otro pueden reconfigurarse como herramientas de emancipación. Por ejemplo, la adopción de cierto atuendo tradicional por parte de jóvenes que buscan reivindicar su patrimonio cultural puede adquirir un sentido de liberación frente a los estereotipos de una modernidad homogeneizante. O el uso de símbolos religiosos con fines críticos en performances artísticas puede subvertir la clasificación “puro/impuro” y cuestionar su validez universal. Así, la dialéctica entre opresión y liberación no es estática: depende de la capacidad de los grupos para apropiar y redefinir las simbologías corporales y materiales..
Esta sección revela que el cuerpo y los objetos que lo visten o lo acompañan se constituyen en campos de batalla simbólicos. La antropología del arte, al estudiar la interacción entre estética y corporalidad, nos ayuda a entender cómo la opresión se legitima mediante la segmentación de lo social y cómo, al mismo tiempo, la creatividad y el ejercicio de la agencia pueden transformar esas clasificaciones.
Resignificación cultural en la moda contemporánea:
En la tercera sección, nos adentramos en el ámbito de la moda y la resignificación cultural, entendida como la recontextualización de objetos y prácticas que adquieren nuevos significados según el contexto social e histórico. Se retoman nociones antes expuestas, pero se aplica un énfasis especial en la moda contemporánea como escenario de fusión y creatividad colectiva.
Cereceda,V. describe la profundidad simbólica de los tejidos, destacando que “el tejido constituye el lenguaje de las mujeres, de modo que las talegas son –en tanto metáfora oral– esencialmente un cuerpo con un corazón.” (2010:192). Aquí, la autora pone de relieve dos elementos esenciales: primero, la dimensión comunicativa del tejido, que se convierte en lenguaje a través de sus diseños, colores y técnicas; y segundo, la carga corporal que adquiere este objeto, dotado de un “corazón” que late con significados culturales y afectivos. En la moda contemporánea, inspirada en tejidos o técnicas tradicionales, podemos observar procesos de resignificación. Diseñadores urbanos rescatan técnicas ancestrales e incorporan referencias andinas en pasarelas internacionales. Sin embargo, a veces se pierde el significado originario, pues estas prendas se mercantilizan para cumplir el gusto global. La reflexión de Cereceda nos alerta sobre la importancia de conocer la raíz cultural de estas piezas: el tejido no es solo un adorno, sino una “voz” que expresa historias, memorias y luchas identitarias.
El prestigio de “lo primitivo” en la sociedad global según Price, S. muestra el proceso mediante el cual los objetos llamados “primitivos” se revalorizan en el mercado del arte, señalando que “El prestigio de determinadas piezas suele elevarse mediante una reducción del texto de la cédula; los artefactos etnográficos se convierten en obras maestras del arte mundial en el momento en que se deshacen de su contextualización antropológica.”(1989:8). Esto evidencia un mecanismo de invisibilización del contexto y la función original de la pieza para promover su valor estético en el circuito global. En el caso de la moda contemporánea, funciona de forma análoga cuando diseños tradicionales, como tejidos o bordados indígenas o damascos, son incorporados en colecciones de alta costura sin mayor referencia a su significado cultural. El resultado es que el objeto gana prestigio en el mercado, pero a costa de su desvinculación de la comunidad de origen. De ahí la importancia de plantear un debate ético: ¿hasta qué punto es legítimo apropiarse de símbolos ajenos? ¿Cómo se puede retribuir o reconocer el valor de quienes crearon y mantienen viva esa tradición?
Ingold, T.(2007) complementa este análisis pudiendo deducir de sus argumentos que los objetos cambian y adquieren nuevos significados a medida que se inscriben en diferentes contextos sociales y culturales. Este constante proceso de resignificación es una característica intrínseca de la circulación de las mercancías, pero también de las ideas y las imágenes en un mundo globalizado. Por ello subrayo a la moda, como fenómeno transnacional, que se expande en la circulación de símbolos, potenciando tanto la hibridación como el riesgo de descontextualización. La capacidad de las comunidades de adaptarse a estas dinámicas, apropiándose de las reinterpretaciones o generando nuevos códigos estéticos, es una forma de agencia cultural. No obstante, la asimetría de poder económico y mediático entre grandes marcas y productores artesanales puede provocar situaciones en las que las comunidades originarias quedan relegadas a un papel subordinado, sin recibir crédito o beneficio económico de la difusión internacional de sus tradiciones.
Belting,H. (2012) explica que la perspectiva no es un fenómeno natural, sino una forma simbólica que organiza nuestra percepción del mundo6. Esta afirmación es igualmente relevante para la comprensión de la moda y la resignificación cultural. La moda funciona como un dispositivo de “perspectiva” colectiva, que orienta la mirada social hacia ciertas estéticas y no hacia otras. Al hacerlo, modela el sentido de lo “bello”, “auténtico” o “exótico”, y legitima o invalida ciertas narrativas de identidad. Por ejemplo, la visión exótica de los textiles andinos como meramente folclóricos oculta la complejidad histórica y social de las comunidades productoras. Del mismo modo, la conceptualización de la moda urbana como una evolución lineal “superior” a las técnicas tradicionales refleja una forma simbólica eurocéntrica. Para contrarrestar estas visiones reduccionistas, es necesario reconocer la multiplicidad de perspectivas y la profundidad de cada contexto cultural, integrando la perspectiva del “otro” en el diálogo estético.
6 Belting, H. (2012). La perspectiva como forma simbólica. Akal. Defiendo este argumento a partir de “La mirada es activa en la percepción visual. Las imágenes son representables porque el observador ve el mundo en imágenes. Una teoría de la imagen necesita siempre al sujeto, que sólo se incluye en el proceso de la visión cuando actúa con la mirada. En la otra cultura, la luz domina en el mundo y el ojo es un órgano receptor de la luz. Por eso añade Alhacén a su matemática de la percepción una fisiología de los sentidos interiores, con los que concluye su óptica”. (2009:32)
En definitiva, la resignificación cultural y la moda contemporánea constituyen un terreno paradójico: por un lado, promueven la creatividad, el intercambio intercultural y la difusión de estilos diversos; y por otro, pueden perpetuar relaciones de poder desiguales y descontextualizar bienes culturales. El reto es encontrar formas éticas de dialogar con estas tradiciones, reconociendo y valorando los orígenes de los objetos y los conocimientos que los sostienen.
Cuerpo como lienzo cultural:
La cuarta y última categoría analiza el cuerpo como un espacio de inscripción cultural, un “lienzo” donde se plasman identidades, memorias y conflictos sociales. El cuerpo no es un soporte pasivo, sino un agente en constante transformación, capaz de expresar y transformar significados colectivos.
Cánepa Koch, G. propone que “en el rito, la máscara se convierte en depositaria de la identidad de un individuo o de un grupo.” (1992:5). Al portar una máscara, el individuo asume temporalmente otra identidad, con la cual expresa roles sociales, vínculos ancestrales o narrativas míticas. destacando cómo ciertos elementos físicos pueden transformar la identidad y el rol social de quien los porta. Este fenómeno no se limita exclusivamente a la máscara, sino que se extiende a otros objetos performativos que modifican la apariencia y significan un cambio de estatus o pertenencia. En este sentido, la corsetería funciona como una forma de máscara corporal que ha moldeado la silueta femenina a lo largo de la historia, asociándose a ideales de belleza, refinamiento y disciplina. Así como la máscara ritual puede reforzar jerarquías o simbolizar transiciones, el corsé ha representado tanto el control sobre el cuerpo femenino como su erotización o su prestigio social. Sin embargo, en la moda contemporánea, su resignificación lo ha convertido en un símbolo de empoderamiento y autoexpresión, donde su uso deja de responder a la imposición de un canon externo y pasa a ser una elección consciente dentro de un discurso de autonomía estética. Al igual que la máscara, el corsé opera como un elemento de transformación identitaria, oscilando entre tradición y resistencia, opresión y liberación.

En el espacio contemporáneo, la idea de “máscara” puede extrapolarse a los códigos de vestimenta, a las operaciones estéticas sobre el rostro y el cuerpo (como tatuajes, piercings o cirugías), o incluso a las creaciones de identidad o “alter ego” social que funcionan a modo de rituales de identidad. De esta manera, la máscara, real o metafórica, plasma la necesidad humana de escenificar y recrear identidades dentro de una trama social donde el cuerpo es constante motivo de mirada, regulación y apropiación simbólica.
Moreno Andrés, J. describe cómo el cuerpo humano es un territorio donde se inscriben las dinámicas simbólicas y las tensiones sociales7. Esta visión del cuerpo como territorio subraya su carácter político, pues en él se libran batallas por la dominación, la resistencia y la afirmación de la diferencia. El atuendo, el peinado, la gestualidad y hasta la postura corporal pueden reflejar (o desafiar) las normas y jerarquías culturales. En la cultura de masas, por ejemplo, la proliferación de estilos juveniles, tribus urbanas y movimientos contraculturales revela la importancia de la estética como forma de protesta o disidencia. Desde el punk y su ruptura con los códigos de vestimenta tradicionales hasta los movimientos LGTBIQ+ que resignifican las nociones de género, el cuerpo es el lugar donde lo individual y lo colectivo se encuentran para producir nuevas identidades y narrativas.
7 Moreno Andrés, J. (2018) El duelo revelado. La vida social de las fotografías familiares de las víctimas del franquismo. Consejo Superior de investigaciones científicas. Madrid, España. Desarrolla una reflexión sobre la materialidad de los objetos y su relación con la identidad y la memoria. En particular, menciona cómo ciertos objetos, como las fotografías, se convierten en depositarios de la identidad y en herramientas para la construcción simbólica de la presencia o ausencia de un individuo en la vida social. Este análisis me ha servido para vincularlo con la corsetería como objeto material que no solo actúa sobre el cuerpo en términos físicos, sino también en la construcción de subjetividades y representaciones. Así como las fotografías sirven para preservar la memoria de quienes han desaparecido, el corsé ha funcionado históricamente como una herramienta de inscripción de normas estéticas y de género en el cuerpo. Su evolución, desde un elemento de restricción hasta su resignificación como prenda de empoderamiento en la moda contemporánea, ilustra cómo los objetos pueden ser vehículos de transformación social y cultural.
A partir de Sennett, R. (2009), me planteo que el proceso de “hacer con las manos” está íntimamente ligado a la capacidad de pensar y crear, uniendo la técnica con la expresión simbólica. Esta relación entre el trabajo manual y el pensamiento sugiere que la materialidad no es solo un resultado del hacer, sino un medio a través del cual se articulan significados y conocimientos. En este sentido, la corsetería es un claro ejemplo de cómo la destreza técnica y la creatividad se entrelazan para dar forma a un objeto que no solo moldea el cuerpo, sino que también comunica valores culturales, estéticos y simbólicos. La construcción de un corsé implica una comprensión profunda de la estructura anatómica, el ajuste preciso en patronaje y confección avanzados y la transformación de materiales, convirtiéndose en una disciplina donde el oficio y el concepto se fusionan. A través de la práctica, “el lienzo”, no solo experimenta, sino que también produce saberes que trascienden la abstracción, manifestándose en formas tangibles que dialogan con la historia, la identidad y la expresión personal.

Así, el cuerpo no es sólo un receptor de normas culturales, sino un productor activo de significados. Al tejer, tallar, pintar o confeccionar, las personas conectan sus capacidades físicas con ideas, emociones y visiones colectivas. En ese proceso, la subjetividad se plasma en la materia, y la materia, a su vez, moldea la subjetividad. La relación entre manos e ideas es central para la antropología del arte, que reconoce en los oficios y las prácticas corporales la cuna de la creación humana y del sentido creativo colectivo.
Por último, Velasco, H. y Sama, S. señalan que “El problema de la significación simbólica se nos presenta como una tarea enorme porque los símbolos se reconocen universalmente, y en las culturas como un todo.” (2019:16). Este planteamiento resalta la complejidad de analizar el cuerpo en su interacción con el espacio físico y social. Los gestos, las posturas y las prácticas no son meramente individuales, sino que están condicionados por el entorno (las ciudades, los paisajes, las instituciones), los cuales, a su vez, están impregnados de significados culturales.
En este sentido, el cuerpo se convierte en un lienzo sobre el que se inscriben identidades, narrativas y normativas estéticas. En la moda, y particularmente en la corsetería, esta relación se vuelve evidente, ya que el corsé no solo moldea la silueta, sino que también transforma la percepción del cuerpo en función de ideales sociales y cánones estéticos de cada época. La manera en que el corsé ha sido utilizado a lo largo de la historia, desde su función de restricción y control hasta su resignificación contemporánea como símbolo de protesta feminista, demuestra cómo el cuerpo y su vestimenta participan activamente en la construcción del paisaje cultural. Así, la prenda, lejos de ser un simple anexo, opera como una herramienta de diálogo entre el individuo y su contexto, completando un circuito de significación que va más allá de lo meramente estético y se adentra en la identidad, la memoria y la transformación social.
Conclusión:
A lo largo de estas cuatro secciones se ha trazado un panorama teórico sobre la importancia del arte y la estética en la construcción y reconfiguración de la identidad, el rol del cuerpo como escenario de opresión y de posible liberación, la resignificación cultural en el contexto de la moda contemporánea y, finalmente, la noción del cuerpo como lienzo cultural. La antropología del arte ofrece una lente analítica que nos permite desentrañar las complejas relaciones entre los objetos, los sujetos y los contextos socioculturales en los que se desenvuelven.
La identidad y la estética no son rasgos fijos, sino procesos dinámicos que involucran lenguajes corporales, vestimentas y objetos cargados de significados compartidos. La opresión corporal se materializa en clasificaciones dicotómicas de lo puro e impuro, pero también hallamos prácticas de resistencia y estrategias de liberación que utilizan la misma potencia de los símbolos para revertir significados. En la moda contemporánea, la globalización acelera el intercambio de estilos y tradiciones, provocando simultáneamente fenómenos de apropiación cultural y de posible empoderamiento de las comunidades locales. Finalmente, el cuerpo emerge como un espacio privilegiado de inscripción cultural, un soporte vivo en el que se dibujan y transforman los órdenes sociales, y donde la “máscara” puede encarnar tanto la sumisión a un rol impuesto como la afirmación de identidades alternativas.
En conclusión, el estudio del arte, la estética y el cuerpo desde la antropología demuestra que las expresiones artísticas van más allá de lo meramente estético o decorativo: ellas son vehículos de identidad, medios de control o de emancipación, y símbolos de una memoria colectiva en constante transformación. La relevancia de estas discusiones cobra especial importancia en la actualidad, donde las fronteras simbólicas se difuminan y las culturas se encuentran en una permanente negociación, demostrando que el arte y la estética siguen siendo (más que nunca) un campo esencial para la comprensión de nuestro presente y la proyección de futuros posibles.
Referencias bibliográficas:
- Squicciarino, N (1990) El vestido habla. Consideraciones psico-sociológicas sobre la indumentaria. Ediciones Cátedra (Grupo Anaya, S. A.) Madrid, España.
- Hall,S. (1997) Capítulo introductorio de Representation: Cultural representations and signifying practices. Stuart Hall (ed.) Sage/The Open University, 1997, Traducción de Francisco Cruces, revisada por el autor.
- Douglas, M. (1997) Estilos de pensar. Ensayos críticos sobre el buen gusto. :65-89 Editorial Gedisa.
- Geertz, C. (1994). Conocimiento local: Ensayos sobre la interpretación de las culturas. Ediciones Paidós. Barcelona,España.
- Gell, A. (2016) Arte y agencia. Una teoría antropológica. Presentación y revisión técnica de Guillermo Wilde. Editorial SB. España.
- Lévi-Strauss, C. (1964) El pensamiento salvaje. La ciencia de lo concreto :11-59. DR. Fondo de Cultura económica. Colombia.
- Gutiérrez Estévez, M. (1999). Al margen del Levítico. Impurezas amerindias. Revista de Occidente, (222: 69-9)
- Cereceda, V. (2010). Semiología de los textiles andinos: Las talegas de Isluga. Chungara, Revista de Antropología Chilena, nº42(1), 181-198.
- Price, S. (1989). Arte primitivo en tierra civilizada.
- Ingold, T. (2007). Líneas: Una breve historia. Editorial Gedisa.
- Belting, H. (2012). La perspectiva como forma simbólica. Editorial Akal.
- Cánepa Koch, G. (1992) Una propuesta teórica para el estudio de la máscara andina. Anthropologica nº 10.
- Moreno Andrés, J. (2018) El duelo revelado. La vida social de las fotografías familiares de las víctimas del franquismo. Consejo Superior de investigaciones científicas. Madrid, España.
- Sennett, R.(2009 El artesano. “La mano” Editorial Anagrama. Colección Argumentos. Barcelona, España.
- Velasco, H., & Sama, S. (2019). Cuerpo y espacio: Símbolos y metáforas, representación y expresividad en las culturas. Editorial Ramón Areces.
Referencia de imágenes:
1- Autor desconocido. (1996,16 de septiembre). Vivienne Westwood poses for portraits [Fotografía]. WWD. https://wwd.com/fashion-news/fashion-scoops/gallery/vivienne-westwood-fashion-archives-photos-1234795909/vivienne-westwood-1996-portraits/
2- Autor desconocido. (s.f.). Efectes del corsé en el cos femení [Fotografía]. Wikipedia. Recuperado el [15 de enero 2025], de https://es.wikipedia.org/wiki/Tightlacing#/media/Archivo:Efectes_del_corsé_en_el_cos_femení_(26790003605).jpg
3- Stark, M. (s.f.). Autorretrato con corsé [Fotografía]. S Moda – El País. Recuperado el [17 de enero 2025], de https://elpais.com/smoda/moda/de-simbolo-opresor-a-prenda-feminista-por-que-ha-vuelto-el-corse-precisamente-ahora.html
4- Autor desconocido. (s.f.). Moda peruana contemporánea [Fotografía]. Pinterest. Recuperado el [17 de enero 2025], de https://www.pinterest.com/pin/442337994631094784/
5- Autor desconocido. (s.f.). Maniquí [Fotografía]. Pinterest. Recuperado el [20 enero de 2025], de https://pin.it/KZ4JEFb2o